El vuelo de las moscas cojoneras

Las miodesopsias o 'moscas volantes' son opacidades que se forman a veces en el vítreo del ojo y tienen carácter permanente. Para quienes las tienen, se perciben como sombras que pululan por el campo visual, a menudo comparadas con puntos, hilos o telarañas. La oftalmología las considera por sí solas un problema menor. Hoy en día, no las trata porque no dispone de un remedio eficaz; no obstante, sostiene que se dejan de percibir con la costumbre. Cuestionada esta afirmación por muchas personas, este blog nace para comprobar su veracidad sobre mi caso particular. Pero no persigue una experiencia científica, sino expresiva.
[Aviso: ÉSTE NO ES UN BLOG DE MEDICINA. Para leer una descripción médica de las miodesopsias, visita este enlace.]

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3/2/09

Las clínicas milagrosas


Varias veces se ha hablado en este blog de algunas clínicas que supuestamente ofrecen un remedio para las miodesopsias. Muchos de nosotros, después de visitar a nuestro médico y de recibir con extrañeza la noticia de que no existe remedio, hemos decidido contrastar la afirmación a través de Internet. Al tomarle el pulso a este medio tan poliédrico,
obtenemos en un primer momento la sensación de que el médico no nos está contando todo, pues no sólo topamos con mucha gente que no se ha acostumbrado a las moscas, sino que hay quienes en apariencia ofrecen una solución para ellas.

A los pocos días de encontrarme con los molestos intrusos en mi campo visual, y después de haber hecho una batida en Internet, yo sostenía la idea de que "las moscas volantes tienen un tratamiento, sólo que únicamente puede recibirse en dos clínicas de Estados Unidos". Me refería, como sabéis, a las dos populares clínicas que han centrado toda su campaña publicitaria en el tratamiento de las moscas volantes: http://www.vitreousfloaters.com/ y http://www.eyefloaters.com/. Pero actualmente, he llegado a la conclusión de que estas dos clínicas no ofrecen nada en particular.

El tratamiento que estas dos clínicas estadounidenses ofrecen es de sobra conocido por la oftalmología, y no es exclusivo de ellas. Después de saber de su existencia, descubrí que también trabajaba con él una tal doctora Tassignon, vinculada a la Universidad de Amberes, en Bélgica. A estas alturas pensaba erróneamente que se trataba de un procedimiento puntero. Pero aún más tarde, hallé referencias a una clínica en Londres que anunciaba también el tratamiento de las miodesopsias
con láser; y aún otra nada más lejos que en Murcia, que afirmaba que "existe un tratamiento con otro tipo de láser que permite destruir el grumo que provoca la percepción de moscas volantes", texto que actualmente ha sido eliminado de la redacción.

¿Qué es lo que se anuncia realmente cuando se dice que "existe un tratamiento con láser para las moscas volantes"? Lo que se anuncia es una terapia con el llamado láser YAG, del cual aquí se puede leer una breve explicación. Se trata de una técnica que, cuando menos, no ha demostrado su efectividad, y cuyo uso se reserva para unas circustancias muy concretas. Cualquiera de las dos páginas estadounidenses hace referencia a estas circunstancias específicas que ha de reunir el paciente para que se pueda proceder a la intervención:

"Perhaps 25 percent of patients under the age of 55 can not be offered treatment because usually there is not a posterior vitreous detachment (PVD)" [eyefloaters.com]

"Patients who are unusually anxious or depressed because of their floaters, may not be offered the procedure." [eyefloaters.com]

"Patients range from 20 - 33 years. The vitreous is generally clear except for small opacities close to retina and very mobile. (...) These floaters tend to be extremely disturbinging to young patients, and are extremely difficult to treat." [vitreousfloaters.com]
El caso es que, de una forma u otra, la clínica se guarda la espalda introduciendo salvedades a sus ofertas. Pero no es algo exclusivo de estas clínicas ni del problema de las moscas volantes. Se trata de que, en un contexto publicitario, como son muchas páginas de Internet, lo que se pretende es la captación de clientes. Y esta captación se realiza en base a la propuesta de enunciados genéricos y técnicamente verdaderos sobre lo que "puede" hacerse con un problema en abstracto. Pero que se lleve a la práctica depende siempre y necesariamente de infinidad de circunstacias concretas de cada paciente individual, que son valoradas por el propio médico en la consulta.

Esta posibilidad de hacer enunciados genéricos es aprovechada por la publicidad, la cual no debe confundirse con el trabajo del médico. En la publicidad, se ofrecen soluciones genéricas para nuestros problemas, quesos para adelgazar y un desodorante para ser deseado por las mujeres. Pero luego, la obtención concreta de esos objetivos no depende de una única coyuntura, sino que responde a una gran estructura de circunstacias a veces insuperable.

A menudo, la publicidad nos vende artículos absolutamente comunes como punteros. La ley que prima en este caso es la del mercado. Pero si el láser YAG hubiese demostrado sobradamente su efectividad estaría con toda seguridad generalizado a la mayoría de las clínicas oftalmológicas del mundo, como lo está la técnica del LASIK. Y no sólo generalizado en el ámbito de lo privado, sino también de la sanidad pública, por ejemplo la española, la cual en términos generales accede también a los avances punteros cuando éstos ofrecen buenos resultados.

Precisamente, y a pesar de todos sus defectos, es en la sanidad pública donde todo ese mundo de las recetas milagrosas está ausente. Porque la sanidad pública no maneja un modelo publicitario, y no necesita (ni desea) atraer clientes. La consecuencia es que el lenguaje persuasivo está desterrado en este ámbito; nadie va a vendernos lo que no existe. El entorno privado, por el contrario, ofrece elementos persuasivos. Por ejemplo, en muchos países como Estados Unidos se explota la imagen del médico figura, que trabaja con un equipo privado cuyas investigaciones están en un nivel estratosférico. En modelos como éste, las clínicas trabajan con un sentido individualista y tiene una gran importancia la cuestión del prestigio.

La clínica privada necesita de tender anzuelos para atraer a su público. Y fabricar estos anzuelos implica maquillar lo que se ofrece, para dotarlo de la apariencia de lo novedoso y lo puntero. En este sentido, la exclusividad del producto juega a favor del publicista. Pero yo pienso que, muchas veces, el que una clínica oferte un tratamiento exclusivo no se debe tanto a que sea puntero como a que se encuentra cuestionado por la comunidad médica.

10/1/09

Paradojas


Con la Navidad, el número de visitantes del blog ha caído. Es una tendencia habitual, que se liga a los días en que la audiencia encuentra un tiempo para desestresarse, como los fines de semana, los festivos o los meses de verano. Eso no quiere decir que las épocas vacacionales tengan un impacto absoluto sobre el problema; no en vano, yo descubrí mis miodesopsias en la víspera de una Nochebuena, y fue entonces cuando más búsquedas desesperadas hice en Internet.

Lo que sí me parece,
como ya dije en varias ocasiones, es que la visita a este blog está vinculada con el sufrimiento de su público, de tal forma que los lectores acuden en menor medida aquí cuando alcanzan cierto grado de bienestar. No es extraño, pues de la misma manera funciono yo, su autor, cuando por encontrarme mejor escribo con menor frecuencia.

Con todo, no deja de ser una paradoja el escribir un blog que sólo puede triunfar cuando nadie desee leerlo ni escribirlo. Un blog que, mientras tenga vigencia, será por causa del dolor de sus interlocutores. Y es algo raro, porque cuando uno hace cualquier tipo de publicación lo que desea es que perviva y que llegue al mayor número de personas posible. Pero, ¿cómo desear la pervivencia de algo cuya existencia es indicativa de sufrimiento?

Hay muchas personas que adoptan la pose de un personaje atormentado y, una vez que ésta está suficientemente enraizada en su personalidad, necesitan forzarla e impostarla para no perder su identidad ante los que le rodean. Yo, en cambio, no quiero embarrancarme en la tristeza y estoy decidido a encontrarme mejor. Deseo que este blog, como termómetro de mi ánimo, se vaya desvaneciendo con el mismo ritmo con que se va la pena.

21/12/08

Dos años de moscas volantes


Más de un mes he tardado en volver a escribir en el blog, el mayor lapso de tiempo desde que lo creé.
La cuestión es que las ideas se me acaban y el furor se va estabilizando. Las ideas, porque este no es un blog para la divulgación del conocimiento, sino para trazar la geografía de un estado emocional individual del que, a estas alturas, ya no queda mucho que añadir. El furor, porque he encontrado un poco de paz tras tanto tiempo de tormenta, y tengo la sospecha de que se avecina un cambio de ciclo.

En estas circunstacias, y tras todo este tiempo queriendo pasar por una especie de portavoz de quienes sufren con las miodesopsias, siento una responsabilidad con los que me habéis leído, apoyado y compartido conmigo vuestra angustia. En este punto, quienes insinuaron que este blog constituía una una decisión fácil e inmadura no pueden haberse equivocado más. Nada que yo haya dicho aquí tiene que ver con un supérfluo berrinche; al contrario,
he buscado la razón y el equilibrio dentro de los sentimientos, con el sencillo objetivo de describirlos. Justo por eso, y por la dignidad de esta causa, creo que es honesto no prolongar la tristeza más allá de la tristeza misma.

Debe entenderse que
El vuelo de las moscas cojoneras es como un cuadro: se termina cuando lo que había que pintar ya se ha pintado. Ante todo, lo que este cuadro representa es una situación concreta en una persona concreta. En segundo lugar, está la lectura pública, la razón por la que este blog está en Internet y no en una libreta. Se trata de que yo, como individuo, tengo la sospecha de poder representar a alguien más que a mí mismo. Este blog es una opinión más en Internet, cuya importancia, ahora y en el futuro, depende de que el público se vea representado por ella. Esto sólo lo direis vosotros con el tiempo.

La últimas pinceladas que reciba esta pintura deben apuntar hacia un aspecto que no debería menospreciarse. La estación término de todo este discurso no puede escatimar un mensaje fundamental para el nuevo visitante que llegue aquí desolado. Y es que
las cosas, en general, suelen ir a mejor. En mi caso, si tuviese que trazar una gráfica desde hace dos años, ésta sería, a pesar de todo, ascendente. Si es cierto que puedo representar a alguien en cierta medida, quiero decirle que yo he podido volver a flote y encontrarme bien, por mucho que haya tardado. No obstante, una cosa ha de quedar clara: lo he hecho sólo. Mi médico no ha hecho absolutamente nada, salvo negarlo todo desde el principio. Pero los hechos son elocuentes: este blog es prueba fehaciente de que sí que ha pasado algo.

Una tarde como la de hoy, soleada y fría, justo hace dos años, descubrí el tormento de las moscas volantes y, a partir de entonces, no por el capricho de la eterna juventud, sino
por sentir interferida de manera constante mi visión, me enterré durante largo tiempo en la tristeza y el terror. Hoy he vuelto a recorrer los mismos lugares con los mismos ojos y con las mismas moscas; sin embargo, el mundo ahí fuera ha recuperado algo de su vieja solidez, las torres de la catedral y las montañas lejanas han recuperado su capacidad de impresionarme, de llamar mi atención más allá de la reja. El cambio, producido en algún punto de mi cerebro y no en las montañas lejanas, en vez de desacreditar a este blog lo ha llenado de razón.

11/11/08

Por qué


No cabe duda de que
tienen que existir causas y cúmulos de causas para las moscas volantes. Tampoco cabe duda de que, con el tiempo, la ciencia conocerá más la mecánica de su aparición y, quizá, reconsidere la conmoción que pueden llegar a producir. Entretanto, nosotros hacemos un pequeño sondeo profano, y ponemos en común nuestras intuiciones, porque es normal que las tengamos.

Hoy, y
sin querer condicionar la votación de la encuesta, me gustaría decir cuál es mi postura. Se me ha ocurrido hacerlo a raíz de un suceso de esta mañana. Resulta que estaba viendo con mis compañeros unas fotos de una cena que hicimos hace cinco años. No lo había pensado hasta hoy pero, al ver aquellas fotos, me descubrí sorprendentemente más viejo, con los rasgos sutilmente modificados. Me pregunté entonces por qué.

Y seguramente haya alguna razón. Me miro al espejo y veo una arruga. Y digo: ¿por qué? Supongo que hay una causa concreta para esa arruga, para ese pequeño cambio de textura en la piel aquí y allí. Quizá un día me saltó una minúscula gotita de aceite, o quizá otro día me rasqué demasiado, o no bebí la suficiente agua durante 2006, o madrugaba mucho durante 2007 o, quizá, si no huebiese tenido moscas volantes no me hubiese preocupado tanto y no me hubiese salido esa arruga.

Las cuestiones de la vejez, del deterioro físico, las que no tienen que ver directamente con una enfermedad concreta, son así de sutiles.
Y analizarlas gramaticalmente, aislar cada una de sus partículas suele ser como cavar un hoyo para meter el mar dentro. Algo siempre se le puede arañar al misterio, concretando alguno de sus factores ("el tabaco"); pero esos factores, por sí solos, nunca son suficientes. Son muchos los elementos que están en relación. La vejez que nosotros obtenemos es el producto de infinidad de factores que se interrelacionan sutilmente, los cuales sólo controlamos en un porcentaje ínfimo.

Pues bien, para mí, y hasta donde he aprendido sobre miodesopsias,
la mecánica de la degeneración vítrea no dista mucho del decaimiento de la piel de nuestra frente, que se produce en distinto modo y momento en cada persona. Considerado así, yo personalmente desisto de señalar que mis moscas volantes me aparecieron porque un día me entró champú anticaspa en los ojos, o porque fumo diez pitillos al día.

¿Qué opináis vosotros?