El vuelo de las moscas cojoneras

Las miodesopsias o 'moscas volantes' son opacidades que se forman a veces en el vítreo del ojo y tienen carácter permanente. Para quienes las tienen, se perciben como sombras que pululan por el campo visual, a menudo comparadas con puntos, hilos o telarañas. La oftalmología las considera por sí solas un problema menor. Hoy en día, no las trata porque no dispone de un remedio eficaz; no obstante, sostiene que se dejan de percibir con la costumbre. Cuestionada esta afirmación por muchas personas, este blog nace para comprobar su veracidad sobre mi caso particular. Pero no persigue una experiencia científica, sino expresiva.
[Aviso: ÉSTE NO ES UN BLOG DE MEDICINA. Para leer una descripción médica de las miodesopsias, visita este enlace.]

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14/10/07

Lentillas nuevas


Acabo de estrenar las lentillas del mes, y me he sentido muy bien. Me he quedado un rato mirando por la galería, y sí, las moscas estaban ahí, pero en un segundísimo plano. He visto el cielo despejado, el sol pegando oblicuo sobre los tejados, y las largas sombras de las chimeneas sobre ellos. Y me he detenido un buen rato en las formas, en los colores, en las luces, con una feliz sensación de reencuentro. Éste ha sido un buen fin de semana, y no por esconderme a oscuras, sino por encontrarme bien con la luz.

No es ésta una entrada muy meditada, ya veis que son sólo unas líneas. Los malos momentos hacen pensar; los buenos, en cambio, se viven. No obstante, hay que recordar que existen, si no este blog acabaría por dar una imagen distorsionada de mi experiencia.

18/9/07

Alegato


Como he dicho en varias ocasiones, nunca llevo este tema de las moscas a las conversaciones cotidianas con mis amigos o mi familia. Forma parte del plan para restarles importancia. Al fin y al cabo, de nada serviría hablar de ellas, únicamente para corromper un poco más la normalidad de la vida.

Pero tengo este espacio, del que estoy orgulloso, y de cuya creación no me he arrepentido en ningún momento. Ayer, no obstante, me confié, y le hablé a alguien de confianza sobre su existencia. Su respuesta fue muy negativa. Inmediatamente replicó que hacer un blog sobre las miodesopsias no era la mejor opción para olvidarlas, y que con ello sólo iba a conseguir mantenerlas en la mente.

Bien, es una paradoja en la que ya reparé desde el principio. Hablar de las moscas justamente conlleva tenerlas en la mente. Pero me parece un planteamiento simplón. Este blog no pretende ser un espacio para el lamento, y creo que cualquier lector puede constatarlo. Pretendo hacer una reflexión equilibrada sobre lo que en verdad son las moscas, y sobre el sitio que deben ocupar en la vida. Esto implica dejarse llevar por la pasión, para mal, pero también para bien.

Eso sí, este blog debe quedarse en internet, y no salir de ahí. Puede servirme para llevar a una especie de limbo distante este problema, para compartir en un ámbito seguro mis propias opiniones. Pero toda vez que abandone este ámbito y se desborde sobre mi entorno cotidiano, sobre la 'la vida real', sólo puede causar perjuicios, desfigurar la vida. Así pues, no volveré a cometer este error.

Yo creo en este blog por varias razones. En primer lugar, porque no es un blog para deprimirse, sino para poner las cosas en sus sitio. Aunque poner las cosas en su sitio implique tener algún día de bajón. En segundo lugar, porque creo que es un problema que reúne los requisitos suficientes para deprimir a alguien, no en vano, hay mucha gente en internet que se muestra como tal, y me parece algo cuando menos respetable.

En tercer lugar, porque los oculistas son técnicos, conocen la gravedad objetiva de las cosas, y la aplican con precisión, pero esto no anula la vivencia subjetiva de los pacientes. Tal vivencia subjetiva, cuando cobra cierto peso a nivel social, debe de ser tenida en cuenta. La práctica médica, como la de los periodistas, se basa en rutinas de trabajo que, como toda rutina, genera disfunciones. Tales disfunciones son naturalmente criticables. Yo opino que el abordaje médico del problema de las miodesopsias es flojo e insuficiente. Respeto la opinión institucional, pero estoy seguro de que la opinión institucional no va a ser eterna.

Por último, este blog puede ser una referencia más para los nuevos afiliados a este asunto. Hay muchísima gente que lleva las miodesopsias con toda normalidad. Pero también hay una cantidad razonable que se encuentran muy a disgusto. Y lógicamente estos pueden hablar de ello. La existencia de este blog quiere humildemente reafirmar la existencia de este segundo grupo, y promover una consideración distinta a nivel médico de los pacientes 'miodesópticos'. Esto no significa que piense que hay que inventar una solución por narices. Sólo significa que estoy aquí, y así lo vivo yo.

7/9/07

Un respiro


Poco hay que contar. En los ojos todo igual. En el blog, otro tanto. Hoy, una anécdota intrascendente:

Parece que tengo otra buena racha. Hace buen tiempo en Galicia estos días, cambiando un poco la tónica reinante en el mes de agosto. Así que, aprovechando unos días de respiro que tengo entre exámenes, he ido a pasar otra tarde más al río.

Hoy me olvidé las gafas de sol. Cuando me monté en el coche, advertí su ausencia. Pero sentí un poco de vergüenza de volver a subir a casa a por ellas, en especial por mi acompañante, a quien no le conté nada del asunto de las moscas. Al momento, me di cuenta de que durante este verano he creado una nueva y extraña dependencia de este objeto. Una dependencia que nunca antes habría imaginado que llegaría a tener (las gafas de sol nunca me gustaron).

En fin, decidí pasar la tarde sin gafas, aprovechando que estaba de buen humor. Y la verdad, no las he echado mucho en falta. Un gran avance, sin duda. Pero calma; aún quedan dolores de cabeza.

29/8/07

De vuelta


Pues sí, Italia es un país para ver, sobre todo teniendo en cuentas los intereses por los que viajé allí, principalmente artísticos. Y la experiencia fue buena en general. Buena quiere decir que no prefería quedarme en el hostal llorando el que todo estuviese lleno de manchas oscuras.

Bueno, seriamente, tras más de medio año con esto, tengo dos certezas. La primera es que he mejorado emocionalemente. Buena parte de la angustia de los primeros momentos se relaciona con la incertidumbre de no saber hacia dónde va uno, hacia dónde va su vista. Uno se pregunta cómo soportar segundo a segundo que el mundo aparezca desfigurado, tras tantos años disfrutándolo nítido, tras tantos años suponiendo que nuestra forma de ver es nuestra en propiedad, y para siempre.

Ahora, por el contrario, sólo suelo ver las moscas. Me molestan, me tocan los cojones. Pero no me entristecen. No me produce pánico abrir los ojos por la mañana. Están ahí, produciendo exactamente los mismos efectos visuales, pero no los mismos efectos morales, que son los que más duelen. Esto es, por ejemplo: he comprobado en Italia que, en términos objetivos de experiencia sensible, me resulta más placentero fijar mi vista sobre una moqueta gris que sobre una estatua clásica de mármol blanco. Porque lo segundo genera molestas interferencias, infinidad de puntos de distracción no deseados, y lo primero se constituye en una visión descansada, casi estable.

La diferencia está en que antes esta terrible evidencia me destruía día a día. Ahora, en cambio, trato de no pensarlo demasiado. O incluso enfrentarme directamente: cuando estaba en la Academia de Florencia, delante del archipopular David de Miguel Ángel, moví de golpe los ojos y coloqué mi mayor mancha sobre la cabeza de la estatua, tratando de posarla quieta sobre ella como ajusta un piloto de caza la mirilla sobre su inquieto objetivo. Cuando vi que conseguía ocultarle toda la cabeza a este solemne señor, casi me dio la risa.

La segunda certeza que tengo es que es muy digno quejarse. Y que hay que quejarse cuando uno lo considere necesario, pues es algo de enorme dignidad. Quejarse no quiere decir ignorar a quiénes estar peor, o afrentarlos de alguna manera. No quiere decir exigir una solución al problema padecido. No quiere decir arremeter contra los médicos. No quiere decir, tampoco, que uno sea un amargado y que no sepa encajar las frustaciones, o disfrutar de las cosas buenas de la vida. Uno puede ser una persona razonable y quejarse, mientras sus quejas no monopolicen su vida entera. Se puede ser en general más feliz que la media y, respetuosamente, decir: 'no me gusta esta ciudad' o 'me gustaría ser un poco más alto'. E incluso crear un blog hablando de que no le gusta la fuente que han hecho en la plaza de su pueblo. Pero teniendo siempre presente que una fuente fea es muchísimo mejor que morirse en lo mejor de la vida.

En España, por ejemplo, las carreteras se llevan de forma sistemática y repentina la vida de muchos jóvenes, muchos de los cuales no son responsables de ir haciendo el ganso al volante. Otro asunto que ha conmocionado a mucha gente estos días es la muerte del futbolista del Sevilla Antonio Puerta, de 22 años, que sufrió un ataque al corazón durante un partido. A pesar de no tratarse de un problema estructural como lo es el drama de las carreteras, este tipo de muertes súbitas son, por su fuerza mediática, un recordatorio del extremo al que puede llegar la mala suerte.

14/8/07

De viaje


Escribo una entrada rápida. Mañana me voy de viaje a Italia, diez días. Nunca he estado allí, y hace tiempo que es mi viaje más deseado. Italia es un lugar, sobre todo, para ver. Como cualquier lugar, si lo pienso. Quizá podamos identificar cualquier lugar por el oído, incluso por el olfato... pero especialmente lo identificamos por la vista, pues son casi exclusivamente imágenes lo que conocemos de cada país antes de visitarlo.

Estos últimos días, bastante bien con las moscas. Por eso me voy bastante animado y con unas enormes ganas de ver. Dicen que la luz mediterránea es bien distinta de la atlántica. Veremos a ver...

28/7/07

Playa


Primer día de playa. Ni una nube en todo el cielo, la luz lo inunda todo.

Como dijo Jose en los comentarios,
en la playa las moscas se multiplican. No hay mucho verde alrededor, ni muchas montañas. El cielo es enorme, y la arena blanca y brillante. La negra zarza espinosa, movida por el viento, crece y se enreda entre las olas.

Pues no,
no han sido suficientes estos meses para 'dejar de ver' las moscas volantes, como dicen los médicos. Siguen ahí, con toda claridad. Sirva como indicación a los nuevos afiliados a esta curiosa afección visual. Ahora bien, uno 'se acostumbra'. Se acostumbra a renunciar a algunas cosas, a aceptar como normal cierto nivel de estrés por medio del conocido y afamado método de la relativización.

La relativización: la línea de costa, acuchillada por una corona de grúas de construcción amarillas, salpicada de nuevos edificios de promotoras madrileñas, envilecida, en incipiente proceso de putrefacción comparable al que ya ha dilapidado la franja mediterránea española, resultaba, más allá del alambre de espino, un maravilloso espectáculo de severas líneas clásicas dormitando a la luz del sol, una ensoñación de paz y persistencia.

Tengo que decir que fue un buen día, que lo disfruté, y que en cuanto pueda volveré a la playa.

18/7/07

Otra de arena


Por momentos, la cosa pierde importancia.
Hay que incidir en estos momentos, para que quien se pase por esta página no se lleve una impresión terrible de las miodesopsias (o quizá una imagen terrible de quien las padece).

Ayer hice el último examen de oposición y, por fin, ahora sí puedo decir que estoy de vacaciones. La verdad es que la satisfacción personal de haber hecho un buen curso, doblegando tantos momentos de débil ánimo, me ha dado un enfoque distinto de la cuestión.

La semana pasada constituyó unos días de paréntesis previo al último examen, y me la tomé muy relajadamente, hasta el punto de inaugurar la temporada de baño en el río. Mi experiencia con las moscas en estos días fue notablemente positiva. Esta experiencia positiva global se construyó en base a circunstancias anecdóticas, como no podía ser de otra forma, pues también las miodesopsias son en esencia unas manchitas insignificantes capaces de matizar e impregnar toda experiencia sensible.

Se da la circunstancia de que, allí a donde fui a darme un chapuzón, hay muchos árboles, muchas rocas grises, y el agua se mueve sin parar frente a un dique, antes de bajar a toda velocidad por un raudal. Es un espacio caprichoso, discontinuo, lleno de variedad de formas y colores. Por tanto, si uno tiene la suerte de tener únicamente miodesopsias, la experiencia es bien parecida a no tenerlas.

No sólo esto... una vez alcanzado un nivel alto de reconciliación con mi vista, casi olvidado de estos seis meses pasados, me tumbé boca arriba en una roca con las gafas de sol puestas. Lo hice con inconsciente confianza; no iba en busca de mosca alguna, sólo a mirar el cielo. Y de veras que me pasé un buen rato sin encontrarlas, paseando por el azul intenso, salpicado de nubes enormes, de variadas texturas, unas espumosas como algodón; otras largas y grumosas como una pincelada; otras profundas, abismales, como una enorme llanura arcillosa y resquebrajada.

Hoy he ido a visitar al oculista. Es primera de vez desde hace seis meses, cuando lo de las moscas. En esa ocasión, la miopía me había subido repentinamente 1 dioptría en cada ojo, y ligado a ello, parece evidente, las miodesopsias. Hoy, por suerte, la cosa no ha ido tan mal. Cuando el oculista me pidió que leyese la línea sobre la que me ajusta las lentillas, me di cuenta de que no sólo veía esa, sino dos líneas más por debajo. Me dijo que no era malo, que al contrario, que todo estaba bien; no me reajustó las lentillas. Saber que el aumento de miopía me ha dado un respiro me ha alegrado el día.

Dos experiencias positivas estos días me dan bastante ánimo. La aspiración, aunque siga habiendo días malos, es que porcentualmente haya más días como estos a lo largo del mes. Hasta tengo ganas de ir a la playa, y eso a pesar de algunos comentarios que han salido en el blog. Aún no la he probado este año; espero superar la prueba. Pero, para superarla, supongo que primero hay que evitar pensarlo.

2/7/07

Explicaciones


Ayer pasé por el típico episodio de contarle a un amigo lo que son las moscas volantes. Yo no suelo hablar con nadie de esto, porque sé bien a lo que conduce, así que
buena parte de las personas que para mí son importantes no saben nada de esto, y a una pequeña proporción se lo he contado puntualmente sin volver a sacar el tema.

Por eso ayer no me lo esperaba. Salió a raíz de que llevaba yo la típica marca en las patillas de haber estado con gafas. "has estado con gafas, ¿no?". "Pues sí", digo yo. "Por cierto, ¿y las moscas qué tal?". "Pues igual", me encojo de hombros. Entonces,
empiezan las preguntas.

Ya he visto en algunas ocasiones lo difícil que es describir el problema éste a quien no lo tiene.
La mayoría tiene una facilidad pasmosa para entenderlo de forma extrema, y pasan de pensar que es una manía, que sólo se ven cuando se buscan obsesivamente, a pensar que podemos dejar de ver un objeto de la realidad si coincide que una mosca se le planta encima.

La cuestión es sencilla, le dije. Cuando alguien va en coche y lleva el parabrisas sucio, ¿conduce con más dificultad? En principio, si se trata de la típica suciedad de parabrisas (no de una capa de estiércol), nadie se siente molesto por conducir así. Se le puede preguntar a un conductor, "¿ves las moscas?" Y naturalmente responderá: "si me fijo, sí". Se le puede preguntar:
"¿es posible que dejes de ver un stop porque una de esas mocas estampadas contra el parabrisas te lo tape?". Y responderá: "hombre, haría falta mucha coincidencia, casi sería necesario pretenderlo aposta; además, tengo dos ojos, y la mosca no es ni tan grande ni tan negra".

La diferencia entre la suciedad del parabrisas y las moscas volantes es que las primeras son mucho menos molestas, porque están fijas, y uno asimila su posición. En el segundo caso, las moscas bullen en el campo de visión, siguiendo una deriva impredecible en la mayoría de los casos. Pero, en el concepto, ambas son experiencias muy parecidas.

Y volvemos a lo mismo:
las moscas son una cuestión de atención, no restan visión en la práctica, sólo molestan. Ahora bien, en mi opinión, la Medicina también debería tener en consideración esta consecuencia, al menos para ayudar a los pacientes a encajar el problema. Supongo que una molestia constante, que nos llega de un día para otro y nos obliga a cambiar nuestra relación con el mundo merece cierto grado de respeto.

Al final, le dije a mi amigo que en internet había un simulador de moscas volantes, por si quería verlo. Se lo tomó como una iniciativa de frikies, y echó una risotada. "Qué es, ¿para concienciar a la población?". En fin, lo de concienciar a la población suena demasiado solemne, si pensamos en los problemas verdaderamente graves que existen. Yo diría simplemente que ese programita es consecuencia de
la necesidad que todos hemos sentido alguna vez de explicar a otros cómo vemos.

El efecto del simulador está bastante conseguido. Así que si alguien tiene curiosidad, lo recomiendo. Una vez iniciado, con
la tecla J se añaden miodesopsias. En mi caso habría que poner un valor de 50.000 apr
oximadamente, para condiciones de luz intensa, porque ya se sabe que al disminuir la luminosidad su visibilidad es menor.

27/5/07

Algo de relativismo


Por compensar algo las últimas entradas, hoy propongo ésta. La escribí a media semana, en un momento de buen humor. Momentos así son posibles. Es importante tenerlos como referencia.

El caso es que "el mal" me entra cuando me empeño en pensar "cómo sería esta pared, cómo sería este cielo, cómo sería este papel, o este prado, si nada de esto hubiese pasado y todo fuese como antes". Es así como destruyo el valor de tales cosas, y no las veo ni como antes, ni las veo ahora. Mi ceguera mayor reside en mi pensamiento.

Tengo alergia a las gramíneas desde pequeño. Esto, evidentemente, ha marcado mi vida. Hay cosas que instintivamente no hago ni haré, cuando en otras circunstancias podrían haberme resultado apetecibles. Pero no me importa.
Constituyen hábitos integrados en mi propia identidad, y no me encadenan en modo alguno. Son tan viejos, que los tengo como algo mío. He construido mi vida sobre esta tara.

He pensado que, si nunca hubiese conocido la alergia, me hubiese gustado esconderme entre el centeno en casa de mis abuelos. O pasar una tarde de primavera tirado en el parque. Pero sé donde no debo arriesgarme. Y, si me arriesgo, sé hasta donde puedo hacerlo.
Y no siento que esté renunciando a nada.

El año pasado visité Madrid por estas fechas. Recuerdo que cuando llegué al Retiro con intención de dar un paseo con un amigo, me encontré con un torbellino de centellas amarillas. Creo que nunca vi un panorama semejante. Me parecía ver esporas del tamaño de copos de nieve, que se arremolinaban como en una tormenta. Apenas cinco minutos después todo eran picores de nariz y de ojos. Inmediatamente decidí que lo mejor era poner pies en polvorosa. Y así lo hice. No me resultó nada traumático.

Pero si la alergia me hubiese sobrevenido a los 25 años, quizá estuviese furioso por no poder ir al campo despreocupadamente en ciertas épocas del año. Enloquecería por cada segundo perdido sonándome, lagrimando, cerrando los ojos, evitando un lugar. Diría: "si esto no hubiese pasado, podría haber dado un paseo tranquilamente por el Retiro". Y estaría todo el día pensando en ello.

En resumidas cuentas: las moscas son también un problema de costumbre. Esto es, sencillamente, un conflicto entre quien era y quien soy. Luego, si la alergia es asumible, esto también debe serlo tras un reajuste de identidad, un tiempo de adaptación que aún no sé cuánto durará.

Cada vez me resulta más evidente que las miodesopsias, cuando no llevan aparejado nada más, son únicamente
un problema de atención. Es decir: uno no deja de ver un pájaro en el cielo por tener moscas, pero puede tener dificultades para mantener en él su atención. Esto, lógicamente, puede ser desquiciante, pero atañe únicamente al plano psicológico, y por eso confío en poder asumirlo. Eso sí: un problema psicológico sigue siendo un problema, y la medicina no debería desdeñarlo.

14/4/07

Actitudes (II)


Psicológicamente, no es lo mismo nacer sin algo que perderlo después, aunque sea injusto decirlo. Porque, quien pierde algo muy grande, el trabajo de muchos y largos años, tiene que hacer el titánico esfuerzo de dejar de ser el que era, poner el contador a cero y crear un nuevo personaje. Tiene que construirse una casa nueva, lastrado por el recuerdo de la anterior. Sólo que le queda menos tiempo.

Pues parece que hay cierta edad en que las pérdidas se pintan enormes. De joven, uno aspira a cierto nivel de perfección. Uno espera gozar de una salud sin mácula unos quince años. Creerse el sueño de que la vida dura siempre antes de ir paulatinamente cambiando el chip. Pero no estamos muy preparados para hacer renuncias definitivas a los 18 años, aunque sean tan pequeñas como jugar al fútbol, pillarnos una moña, tocar la guitarra o liarnos con la más guapa de clase.

De joven, cualquier cambio se hace más difícil de encajar, cualquier renuncia resulta dramática y cualquier muro nos obliga a desviarnos y abandonar el “curso normal” de quienes nos rodean, perder cosas, perder experiencias. Y entonces descubrimos espantados que sólo tenemos una vida, y que las cosas perdidas jamás se recuperan.

En este momento, relativizar es difícil. Y nuestro problema, por pequeño que sea, es enorme, sencillamente porque es nuestro. Una persona mayor acepta las pequeñas pérdidas como un mal inevitable. Un joven piensa que le han dado el cambiazo, que le han robado la cartera. Para él, una pérdida trunca una vida que ya había imaginado, le priva de infinitas posibilidades, de infinitos placeres, lo saca del camino y lo echa al barranco, le deja en suspenso historias maravillosas que ya tenía enfiladas.

9/4/07

Actitudes (I)


Una cosa que me llama la atención en los foros que hay en internet sobre moscas volantes, es que hay mucha gente joven con este problema. Por ejemplo, en los comentarios de este blog, aunque todavía son pocos, hay varias personas que no llegan a los 25 años. Yo mismo los acabo de cumplir.

¿Qué significa esto? No puede ser que el problema tenga tanta incidencia en los jóvenes. No más, al menos, que en los de mediana edad. Por eso, creo que lo que Internet nos da es una impresión engañosa. Internet es un medio complicado para tomar el pulso a la opinión social. Conocemos a quienes participan en él, pero los que no lo hacen, no computan.

Es decir, respecto a las miodesopsias, en Internet vemos cuanta gente hay preocupada por el problema, pero no vemos a quienes lo han superado, aunque su número sea mayor. Porque éstos no buscan foros en la red para comentar su experiencia.

Entre todos los testimonios que he encontrado, no he visto aún a nadie que supere la treintena que se encuentre desesperado o deprimido por tener moscas volantes. Más jóvenes, a decenas. ¿Cuál es la explicación?

Creo que es sencilla. Parece que llega un momento en la vida, apuntando a los 40, en que los problemas físicos se relativizan con facilidad, entendiéndose como parte de un proceso natural que día a día nos recuerda que no somos eternos. Y aunque todos queremos conservarnos jóvenes, ya sea en nuestras facultades o en nuestro aspecto exterior, vamos desarrollando cierto sentido de la aceptación, del desapego por las cosas del mundo. Entonces, aunque algunos se aferren a sus posesiones hasta los 70 años, la mayoría va haciendo concesiones sin mayor drama.

25/3/07

Fin de semana


Con días como hoy, da la impresión de que uno se puede olvidar de las moscas. Se dice desde antiguo que "la felicidad es conocerse a uno mismo". Bueno, yo estoy seguro de que no basta, pero hoy encuentro bastante sentido a la frase.

El caso es que es el tercer fin de semana que me tomo de descanso, sin hacer nada. Y me encuentro tan relajado, que casi tengo olvidadas las moscas. Digo entonces: si aún, por suerte, puedo pasar alegre dos días de cada siete, quizá podría intentar que fuesen tres. El truco parece estar en
conocer los mecanismos del estrés.

Por ejemplo, muchas de las de las veces que acabo desquiciado con las moscas es un día de mitad de semana, después de comer. Me tiro en el sofá un rato, pensando en cómo me organizo y, en vez de ver el techo pintado de blanco, veo lamparones que sigo sin cesar con la mirada. Entonces, se van volando tres cuartos de hora, y pierdo la concentración para el resto de la tarde.

Esto no me ha sucedido ni ayer ni hoy en todo el día. Después de comer, he ido con un par de amigos a dar una vuelta por una carretera secundaria, y nos hemos tomados una cerveza en un bar. Y nada. Ni una mosca. Miraba los prados, los árboles, el cielo nuboso, y casi tenía la impresión de que que poseían una nitidez perfecta. Sí, desde luego hubiese sido fácil verlas si hubiese querido. Pero sencillamente no me apetecía, estaba de buen humor (vítreo, claro). Por tanto, en mi caso,
el estrés parece ser un factor determinante.

Dos tendencias he observado desde que me aperecieron las moscas: por una parte, que objetivamente son más y mayores; por la otra, que en determinados momentos la ausencia de estrés me hace regresar a cuando tenía una o dos.

Pero en fin, con estas cosas
no hay que animarse demasiado ni ponerse eufórico. La alegría suele ser como un pajarito caprichoso, y apenas alza uno un poco la voz, se va volando. Quedan días terribles sin duda. Pero la próxima media hora estaré bien. Es para mí suficiente.

3/3/07

Manifiesto


Las
miodesopsias o ‘moscas volantes’ son opacidades que se forman aleatoriamente en el humor vítreo del ojo. La oftalmología las considera un problema menor y no tienen tratamiento. Sin embargo, para quienes las padecen pueden llegar a ser un tormento, pues se manifiestan como sombras informes suspendidas en el campo de visión. Las estadísticas que manejan los médicos dicen que un alto porcentaje de la población tiene moscas volantes, y que la mayoría de las veces son consecuencia natural de la edad, de la miopía y de otras circunstancias. No obstante, la cantidad, la intensidad y, sobre todo, su posición más o menos periférica en el campo visual juegan un papel decisivo en el grado de adaptabilidad de quien las padece.

Es un problema extraño, que es y que no es. Para los médicos, hablamos de un asunto sin importancia, que
se supera con la costumbre. Parece una de esas extrañas aristas que los avances técnicos han dejado sin limar, habida cuenta de que no supone un problema real de pérdida de visión, ni conlleva dolor físico, ni se manifiesta al exterior. Pero por otra parte, se constata la negativa influencia sobre la concentración en actividades como la lectura o el uso de ordenadores; no en vano, en internet se pueden encontrar muchos testimonios desconsolados. Al margen de la gravedad, la inexistencia de un tratamiento médico parece la causa de que sutilmente se haya venido a plantear que las miodesopsias son sólo un problema de actitud. Lo cierto es que, puestos a eso, todo en la vida es cuestión de actitud. Y creo firmemente que es un buen consejo, aunque más propio de los psicólogos y de los curas que de los médicos. De todas formas, parece claro, en este caso el consejo nos viene al pelo.

Por eso se me ha ocurrido hacer este pequeño experimento. Un experimento que quizá embarranque a las primeras de cambio, no sé si por demasiado frívolo o por demasiado ingenuo. Lo digo porque soy nuevo en esto, y me cuesta calibrar a estas alturas en qué van a cambiar mi vida las moscas. Pienso que puede ser frívolo para quienes sufren con gran pesar este problema, que bien pueden tomar este foro por una grandísima majadería. Y digo ingenuo por quienes conviven felizmente con sus moscas, o por quienes padecen de verdaderos problemas de vista o de salud en general, que tal vez piensen que es estúpido compadecerse de algo tan insustancial.

Sea como fuere, estoy seguro de que
podemos decir algo al respecto. Algo que nos dé ánimo a quienes nos lastran más las moscas y que nos ayude a sondear qué efecto hace esa extravagante medicina de la actitud positiva. Para buscar esta extravagante medicina, sólo se me ha ocurrido una idea extravagante: hacer un blog. Me gustaría que fuese un lugar para la reflexión sobre los sentidos. Un espacio para el sentimiento, para la opinión no científica sobre la maravillosa capacidad de ver. Para el lamento también, si se da el caso, pero especialmente para la ironía, pues con ironía parecerá la queja menos desmesurada. Al fin y al cabo, este padecimiento es pequeño comparado con el de otros muchos.

Aún sin apenas arrancar, con la mínima capacidad de convocatoria, y así de repente, propongo que hablemos un poco de qué va esto, que enseñemos nuestras moscas, que hablemos del mundo que se ve a través de nuestros ojos.