Coartadas
Vengo de la biblioteca. ¡Qué bonito es el sitio de la ventana! Sólo hay un sitio colocado de esa manera. Tiene mucha luz y, cuando uno quiere relajar la vista, basta con levantarla y mirar a lo lejos, a los árboles del parque, a los tejados que se levantan un poco más allá, sobre ellos. Hoy el sitio estaba libre, y me puse allí.
Pero a los diez minutos tuve que cambiarme.
Para mí que estas perras me han aumentado. O quizá hoy esté demasiado estresado. Sí, debe de ser eso. En realidad las moscas no tienen culpa de nada; soy yo que busco desesperadamente un disculpa para amargarme. Tiene razón; me escudo en que son las moscas, pero si no fuesen ellas, seguro que hoy también estaría aquí lamentándome, escribiendo un blog sobre cualquier otra imbecilidad.
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