El vuelo de las moscas cojoneras

Las miodesopsias o 'moscas volantes' son opacidades que se forman a veces en el vítreo del ojo y tienen carácter permanente. Para quienes las tienen, se perciben como sombras que pululan por el campo visual, a menudo comparadas con puntos, hilos o telarañas. La oftalmología las considera por sí solas un problema menor. Hoy en día, no las trata porque no dispone de un remedio eficaz; no obstante, sostiene que se dejan de percibir con la costumbre. Cuestionada esta afirmación por muchas personas, este blog nace para comprobar su veracidad sobre mi caso particular. Pero no persigue una experiencia científica, sino expresiva.
[Aviso: ÉSTE NO ES UN BLOG DE MEDICINA. Para leer una descripción médica de las miodesopsias, visita este enlace.]

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5/5/09

Apertura del foro


Como se ha venido diciendo aquí durante las últimas semanas,
un foro sería la fórmula más adecuada de trascender lo que ha significado este blog durante los pasados dos años. Muchos de vosotros habéis notado que un blog no es la forma más adecuada para el intercambio de opiniones, aunque pueda ser apropiado para la expresión individual y para hacer un planteamiento ordenado de las ideas.

Así pues, y dado que este blog ha terminado hace días su andadura,
os comunico la apertura del foro que se estaba anunciando. Con él, no se trata de dar continuidad a lo que yo, a título individual, he venido sosteniendo en esta página, sino más bien de dar salida al interés de muchos lectores por seguir hablando del tema, libres del corsé del guión impuesto por el autor del blog. Esto significa que el foro se va a construir a través del discurso de sus participantes, emancipado de lo que previamente se haya dicho en El vuelo de las moscas cojoneras.

7/3/09

Epílogo


Se cumplen dos años desde que comencé a escribir este blog,
empujado por la conmoción de haber desarrollado repentinamente gran cantidad de moscas volantes en mi vista. Los años suelen cumplirse y celebrarse como homenaje a la supervivencia, pero no en este caso. Una vez alcan
zada la altura deseada, la cumbre desde la que se quería mirar el valle, llega el momento de iniciar el descenso de vuelta a casa.

Desde el principio, no planteé este blog en términos n
arrativos, no en términos lineales, de expansión hacia adelante; sino en términos descriptivos, en términos de circularidad, con la intención de cartografiar el territorio circundante, de pintar con la mayor precisión posible el estado de un individuo concreto, que soy yo. Por eso, cada nueva pincelada, antes que suponer una expansión en el espacio, ha querido ser para mí un mayor nivel de concreción en los detalles del paisaje. Y ahora el círculo se cierra, la mirada ya ha recorrido todo el panorama, y es el momento de concluir el cuadro.

Quiero decir que lo que quería contar ya lo he co
ntado, y a partir de aquí sólo cabría seguir girando en torno a lo mismo, añadiendo capas del mismo color. Y es que nunca me planteé abrir el discurso hacia el aspecto estrictamente médico, para lo cual no estoy preparado, porque sólo serviría para repetir lo que ya se conoce, y sólo vendría a confundir y emborronar los objetivos iniciales del blog. No quiere decir esto que no pueda hablarse sobre mil aspectos técnicos que nos afectan; sino sólo que yo no he querido mojarme sobre un tema sobre el que, sinceramente, no puedo aportar nada.

Es el momento de recordar que estamos rodeados por infinidad de dramas, dramas mucho peores que éste y sin solución.
Por eso es tan necesario medirse para no caer en la exageración y la prolongación de nuestro problema. Se ha tratado aquí de definir las miodesopsias en sus justos términos. Y esos términos son que las moscas no son "nada", no son "las ignoras y desaparecen", porque yo creo que ése es un discurso apócrifo, que no se ajusta a la verdad.

Sobre el tema de las encuestas que estaban pendientes de ini
ciarse, he pensado en dar otro enfoque. Una sola en la columna de la izquierda y con tiempo limitado resulta un poco escaso; el número de votos que reciben es elocuente. Muy pronto, y como ya he comentado, se pondrá en marcha un foro que seguramente va a cubrir mucho mejor lo mucho que aún se puede hablar del tema desde el punto de vista de los afectados. Las encuestas, además, podrían reconducirse desde ahí de una manera más eficiente. El enlace de este nuevo foro lo anunciaré pronto en esta misma página. Porque no tengo intención de borrar el blog. Simplemente va a permanecer esencialmente quieto, como el vestigio de una historia individual que será todo lo subjetiva que se quiera, pero que no obstante es auténtica. Y quizá sirva para ilustrar a alguien que, como yo hace dos años, se encuentre en los primeros instantes de desesperación y busque hacerse una idea de lo que le espera.

Por último, os mostraré el paisaje desde mi casa de aquiler. Lo que se ve al fondo de la foto, como muchos reconoceréis, es la catedral de Santiago. Se me
ha ocurrido varias veces desde que entré en el piso que es una pena tener un árbol interpuesto entre la ventana y la vista de la fachada del Obradoiro. Si lo talasen, pensé, podría verse entera, sin interferencias, nítida en su encrespada superficie, con sus míticas torres. Pero, por otra parte, he pensado que peor que las ramas que entorpecen la vista sería carecer del panorama que está al fondo. Porque yo creo que si las moscas nos duelen es porque allá al fondo hay algo que nos atrae, algo que quiere ser mirado. Y mientras exista, aquel lugar justifica que abramos bien los ojos.

1/3/09

La encuesta que faltaba


Una de las cosas que me quedaban pendientes es la encuesta que anuncié hace tiempo (
aquí) sobre vuestra percepción de las causas de las moscas volantes. La última de las encuestas ('¿Podrías identificar alguna causa concreta para tus moscas volantes?') hace tiempo que se cerró, así que quería comentar algo. Lo que pasa es que, con la bajísima participación, no parece muy apropiado sacar muchas conclusiones. En general, yo resaltaría que la figura del médico es la que resulta peor parada, pues su opinión es la menos tenida en cuenta por debajo de nuestras intuiciones. No obstante, y una vez más, hay que recordar que quienes acatan felizmente la opinión de su médico no llegan a este lugar. En primer lugar voy a proponer la nueva encuesta que ya había anunciado, confeccionada con todas vuestras sugerencias, aunque a veces reorganizadas en respuestas más genéricas. Por ejemplo, en vez de incluir tipos de golpes y accidentes diferenciados, me refiero a la categoría genérica de contusiones. Por otra parte, y dentro de unas semanas, incluiré en el blog toda una página con un grupo amplio de encuestas que no caduquen, entre las cuales se incluirán las que se han venido realizando en este blog.

19/2/09

Un símil con las moscas volantes


Cuando entré en mi nuevo piso de alquiler, me encontré con un fenómeno que podría ilustrar parte del funcionamiento de las moscas volantes. El fenómeno no tiene nada de paranormal, y usarlo como símil de este asunto puede que os parezca una idea peregrina. Pero yo creo que puede ejemplificar con sencillez un mecanismo que se basa en tres conceptos: la luz, el obstáculo y la sombra.

Pues bien, una de las habitaciones de la casa está abuhardillada e iluminada a través de dos claraboyas. Frente a ellas se levantan, más altos que el edificio, los árboles de un parque, muchas veces mecidos por el viento. Lo que pasa es que, al atardecer, el sol va descendiendo por detrás de los árboles y lanza su luz filtrada por las ramas a través de las claraboyas, en una suerte de proyección cinematográfica.

El destino final, la pared blanca de la habitación, se ilumina con un recuadro dentro del cual se proyecta un torbellino de sombras informes. Esta superficie vendría a hacer las veces de retina, lugar donde desemboca la luz, y donde se manifiestan también los obstáculos antepuestos a su fuente original, que sería el sol. Por su parte, los obstáculos, las miodesopsias propiamente dichas, serían las ramas de los árboles agitadas por el viento, las cuales únicamente manifiestan su sombra sobre la retina.

Muchos objetaréis que vuestros síntomas no son semejantes a los de una densa masa de sombras frenéticas, sino que se se parecen más a zarzas perfectamente delineadas, o que se trata de puntos concretos y perfectamente individualizados, más o menos numerosos. Pero bueno, en concepto el esquema fuente de luz-obstáculo-proyección de sombra es el mismo. No obstante, tengo que decir que en mi caso sí encuentro un gran parecido entre la apariencia de mis miodesopsias y el símil de los árboles, no en vano las he descrito varias veces en términos de humareda y de bullicio gaseoso (p. ej. aquí). Justo por eso encontré tan ilustrativo el fenómeno de la pared.



Vídeo: proyección sobre la pared de las sombras de los árboles.

3/2/09

Las clínicas milagrosas


Varias veces se ha hablado en este blog de algunas clínicas que supuestamente ofrecen un remedio para las miodesopsias. Muchos de nosotros, después de visitar a nuestro médico y de recibir con extrañeza la noticia de que no existe remedio, hemos decidido contrastar la afirmación a través de Internet. Al tomarle el pulso a este medio tan poliédrico,
obtenemos en un primer momento la sensación de que el médico no nos está contando todo, pues no sólo topamos con mucha gente que no se ha acostumbrado a las moscas, sino que hay quienes en apariencia ofrecen una solución para ellas.

A los pocos días de encontrarme con los molestos intrusos en mi campo visual, y después de haber hecho una batida en Internet, yo sostenía la idea de que "las moscas volantes tienen un tratamiento, sólo que únicamente puede recibirse en dos clínicas de Estados Unidos". Me refería, como sabéis, a las dos populares clínicas que han centrado toda su campaña publicitaria en el tratamiento de las moscas volantes: http://www.vitreousfloaters.com/ y http://www.eyefloaters.com/. Pero actualmente, he llegado a la conclusión de que estas dos clínicas no ofrecen nada en particular.

El tratamiento que estas dos clínicas estadounidenses ofrecen es de sobra conocido por la oftalmología, y no es exclusivo de ellas. Después de saber de su existencia, descubrí que también trabajaba con él una tal doctora Tassignon, vinculada a la Universidad de Amberes, en Bélgica. A estas alturas pensaba erróneamente que se trataba de un procedimiento puntero. Pero aún más tarde, hallé referencias a una clínica en Londres que anunciaba también el tratamiento de las miodesopsias
con láser; y aún otra nada más lejos que en Murcia, que afirmaba que "existe un tratamiento con otro tipo de láser que permite destruir el grumo que provoca la percepción de moscas volantes", texto que actualmente ha sido eliminado de la redacción.

¿Qué es lo que se anuncia realmente cuando se dice que "existe un tratamiento con láser para las moscas volantes"? Lo que se anuncia es una terapia con el llamado láser YAG, del cual aquí se puede leer una breve explicación. Se trata de una técnica que, cuando menos, no ha demostrado su efectividad, y cuyo uso se reserva para unas circustancias muy concretas. Cualquiera de las dos páginas estadounidenses hace referencia a estas circunstancias específicas que ha de reunir el paciente para que se pueda proceder a la intervención:

"Perhaps 25 percent of patients under the age of 55 can not be offered treatment because usually there is not a posterior vitreous detachment (PVD)" [eyefloaters.com]

"Patients who are unusually anxious or depressed because of their floaters, may not be offered the procedure." [eyefloaters.com]

"Patients range from 20 - 33 years. The vitreous is generally clear except for small opacities close to retina and very mobile. (...) These floaters tend to be extremely disturbinging to young patients, and are extremely difficult to treat." [vitreousfloaters.com]
El caso es que, de una forma u otra, la clínica se guarda la espalda introduciendo salvedades a sus ofertas. Pero no es algo exclusivo de estas clínicas ni del problema de las moscas volantes. Se trata de que, en un contexto publicitario, como son muchas páginas de Internet, lo que se pretende es la captación de clientes. Y esta captación se realiza en base a la propuesta de enunciados genéricos y técnicamente verdaderos sobre lo que "puede" hacerse con un problema en abstracto. Pero que se lleve a la práctica depende siempre y necesariamente de infinidad de circunstacias concretas de cada paciente individual, que son valoradas por el propio médico en la consulta.

Esta posibilidad de hacer enunciados genéricos es aprovechada por la publicidad, la cual no debe confundirse con el trabajo del médico. En la publicidad, se ofrecen soluciones genéricas para nuestros problemas, quesos para adelgazar y un desodorante para ser deseado por las mujeres. Pero luego, la obtención concreta de esos objetivos no depende de una única coyuntura, sino que responde a una gran estructura de circunstacias a veces insuperable.

A menudo, la publicidad nos vende artículos absolutamente comunes como punteros. La ley que prima en este caso es la del mercado. Pero si el láser YAG hubiese demostrado sobradamente su efectividad estaría con toda seguridad generalizado a la mayoría de las clínicas oftalmológicas del mundo, como lo está la técnica del LASIK. Y no sólo generalizado en el ámbito de lo privado, sino también de la sanidad pública, por ejemplo la española, la cual en términos generales accede también a los avances punteros cuando éstos ofrecen buenos resultados.

Precisamente, y a pesar de todos sus defectos, es en la sanidad pública donde todo ese mundo de las recetas milagrosas está ausente. Porque la sanidad pública no maneja un modelo publicitario, y no necesita (ni desea) atraer clientes. La consecuencia es que el lenguaje persuasivo está desterrado en este ámbito; nadie va a vendernos lo que no existe. El entorno privado, por el contrario, ofrece elementos persuasivos. Por ejemplo, en muchos países como Estados Unidos se explota la imagen del médico figura, que trabaja con un equipo privado cuyas investigaciones están en un nivel estratosférico. En modelos como éste, las clínicas trabajan con un sentido individualista y tiene una gran importancia la cuestión del prestigio.

La clínica privada necesita de tender anzuelos para atraer a su público. Y fabricar estos anzuelos implica maquillar lo que se ofrece, para dotarlo de la apariencia de lo novedoso y lo puntero. En este sentido, la exclusividad del producto juega a favor del publicista. Pero yo pienso que, muchas veces, el que una clínica oferte un tratamiento exclusivo no se debe tanto a que sea puntero como a que se encuentra cuestionado por la comunidad médica.

10/1/09

Paradojas


Con la Navidad, el número de visitantes del blog ha caído. Es una tendencia habitual, que se liga a los días en que la audiencia encuentra un tiempo para desestresarse, como los fines de semana, los festivos o los meses de verano. Eso no quiere decir que las épocas vacacionales tengan un impacto absoluto sobre el problema; no en vano, yo descubrí mis miodesopsias en la víspera de una Nochebuena, y fue entonces cuando más búsquedas desesperadas hice en Internet.

Lo que sí me parece,
como ya dije en varias ocasiones, es que la visita a este blog está vinculada con el sufrimiento de su público, de tal forma que los lectores acuden en menor medida aquí cuando alcanzan cierto grado de bienestar. No es extraño, pues de la misma manera funciono yo, su autor, cuando por encontrarme mejor escribo con menor frecuencia.

Con todo, no deja de ser una paradoja el escribir un blog que sólo puede triunfar cuando nadie desee leerlo ni escribirlo. Un blog que, mientras tenga vigencia, será por causa del dolor de sus interlocutores. Y es algo raro, porque cuando uno hace cualquier tipo de publicación lo que desea es que perviva y que llegue al mayor número de personas posible. Pero, ¿cómo desear la pervivencia de algo cuya existencia es indicativa de sufrimiento?

Hay muchas personas que adoptan la pose de un personaje atormentado y, una vez que ésta está suficientemente enraizada en su personalidad, necesitan forzarla e impostarla para no perder su identidad ante los que le rodean. Yo, en cambio, no quiero embarrancarme en la tristeza y estoy decidido a encontrarme mejor. Deseo que este blog, como termómetro de mi ánimo, se vaya desvaneciendo con el mismo ritmo con que se va la pena.

21/12/08

Dos años de moscas volantes


Más de un mes he tardado en volver a escribir en el blog, el mayor lapso de tiempo desde que lo creé.
La cuestión es que las ideas se me acaban y el furor se va estabilizando. Las ideas, porque este no es un blog para la divulgación del conocimiento, sino para trazar la geografía de un estado emocional individual del que, a estas alturas, ya no queda mucho que añadir. El furor, porque he encontrado un poco de paz tras tanto tiempo de tormenta, y tengo la sospecha de que se avecina un cambio de ciclo.

En estas circunstacias, y tras todo este tiempo queriendo pasar por una especie de portavoz de quienes sufren con las miodesopsias, siento una responsabilidad con los que me habéis leído, apoyado y compartido conmigo vuestra angustia. En este punto, quienes insinuaron que este blog constituía una una decisión fácil e inmadura no pueden haberse equivocado más. Nada que yo haya dicho aquí tiene que ver con un supérfluo berrinche; al contrario,
he buscado la razón y el equilibrio dentro de los sentimientos, con el sencillo objetivo de describirlos. Justo por eso, y por la dignidad de esta causa, creo que es honesto no prolongar la tristeza más allá de la tristeza misma.

Debe entenderse que
El vuelo de las moscas cojoneras es como un cuadro: se termina cuando lo que había que pintar ya se ha pintado. Ante todo, lo que este cuadro representa es una situación concreta en una persona concreta. En segundo lugar, está la lectura pública, la razón por la que este blog está en Internet y no en una libreta. Se trata de que yo, como individuo, tengo la sospecha de poder representar a alguien más que a mí mismo. Este blog es una opinión más en Internet, cuya importancia, ahora y en el futuro, depende de que el público se vea representado por ella. Esto sólo lo direis vosotros con el tiempo.

La últimas pinceladas que reciba esta pintura deben apuntar hacia un aspecto que no debería menospreciarse. La estación término de todo este discurso no puede escatimar un mensaje fundamental para el nuevo visitante que llegue aquí desolado. Y es que
las cosas, en general, suelen ir a mejor. En mi caso, si tuviese que trazar una gráfica desde hace dos años, ésta sería, a pesar de todo, ascendente. Si es cierto que puedo representar a alguien en cierta medida, quiero decirle que yo he podido volver a flote y encontrarme bien, por mucho que haya tardado. No obstante, una cosa ha de quedar clara: lo he hecho sólo. Mi médico no ha hecho absolutamente nada, salvo negarlo todo desde el principio. Pero los hechos son elocuentes: este blog es prueba fehaciente de que sí que ha pasado algo.

Una tarde como la de hoy, soleada y fría, justo hace dos años, descubrí el tormento de las moscas volantes y, a partir de entonces, no por el capricho de la eterna juventud, sino
por sentir interferida de manera constante mi visión, me enterré durante largo tiempo en la tristeza y el terror. Hoy he vuelto a recorrer los mismos lugares con los mismos ojos y con las mismas moscas; sin embargo, el mundo ahí fuera ha recuperado algo de su vieja solidez, las torres de la catedral y las montañas lejanas han recuperado su capacidad de impresionarme, de llamar mi atención más allá de la reja. El cambio, producido en algún punto de mi cerebro y no en las montañas lejanas, en vez de desacreditar a este blog lo ha llenado de razón.

11/11/08

Por qué


No cabe duda de que
tienen que existir causas y cúmulos de causas para las moscas volantes. Tampoco cabe duda de que, con el tiempo, la ciencia conocerá más la mecánica de su aparición y, quizá, reconsidere la conmoción que pueden llegar a producir. Entretanto, nosotros hacemos un pequeño sondeo profano, y ponemos en común nuestras intuiciones, porque es normal que las tengamos.

Hoy, y
sin querer condicionar la votación de la encuesta, me gustaría decir cuál es mi postura. Se me ha ocurrido hacerlo a raíz de un suceso de esta mañana. Resulta que estaba viendo con mis compañeros unas fotos de una cena que hicimos hace cinco años. No lo había pensado hasta hoy pero, al ver aquellas fotos, me descubrí sorprendentemente más viejo, con los rasgos sutilmente modificados. Me pregunté entonces por qué.

Y seguramente haya alguna razón. Me miro al espejo y veo una arruga. Y digo: ¿por qué? Supongo que hay una causa concreta para esa arruga, para ese pequeño cambio de textura en la piel aquí y allí. Quizá un día me saltó una minúscula gotita de aceite, o quizá otro día me rasqué demasiado, o no bebí la suficiente agua durante 2006, o madrugaba mucho durante 2007 o, quizá, si no huebiese tenido moscas volantes no me hubiese preocupado tanto y no me hubiese salido esa arruga.

Las cuestiones de la vejez, del deterioro físico, las que no tienen que ver directamente con una enfermedad concreta, son así de sutiles.
Y analizarlas gramaticalmente, aislar cada una de sus partículas suele ser como cavar un hoyo para meter el mar dentro. Algo siempre se le puede arañar al misterio, concretando alguno de sus factores ("el tabaco"); pero esos factores, por sí solos, nunca son suficientes. Son muchos los elementos que están en relación. La vejez que nosotros obtenemos es el producto de infinidad de factores que se interrelacionan sutilmente, los cuales sólo controlamos en un porcentaje ínfimo.

Pues bien, para mí, y hasta donde he aprendido sobre miodesopsias,
la mecánica de la degeneración vítrea no dista mucho del decaimiento de la piel de nuestra frente, que se produce en distinto modo y momento en cada persona. Considerado así, yo personalmente desisto de señalar que mis moscas volantes me aparecieron porque un día me entró champú anticaspa en los ojos, o porque fumo diez pitillos al día.

¿Qué opináis vosotros?

29/10/08

Nueva encuesta


He activado la primera parte de la nueva encuesta, en la que pregunto a nivel general si la audiencia puede identificar una causa concreta para sus moscas volantes. El objetivo de esta pregunta no es tanto conocer una "causa real" como sondear el grado de satisfacción con la información accesible para el paciente, nombradamente la que le suministra el médico. El amplio número de personas que declaran sospechar o intuir una causa distinta de la que acepta su médico es un índice de insatisfacción o de desconfianza que podría ser interesante medir.

Posteriormente, y cuando haya recopilado un número suficiente de causas posibles (por ejemplo, a través de los comentarios del blog), elaboraré otra encuesta donde se concrete un elenco de causas intuidas. Como ya he dicho, no se trata de suplantar con ellas a las causas científicamente conocidas, sino tan sólo de tomarle el pulso a una corriente de opinión profana. Las conclusiones de esa corriente de opinión, aunque no sigan procedimientos rigurosos, no tienen por qué ser irracionales ni aleatorias y pueden arañar la capa más superficial de una verdad aún no desvelada por la ciencia. Se trata, en fin, no tanto de comprobar la validez de una especulación como de cartografiar el mapa de especulaciones, dado que éstas existen y, aún más, son inevitables.

12/10/08

Sobre las moscas 'cojoneras'


Después de tantos meses escribiendo sobre ciertas moscas calificadas de 'cojoneras', creo que ha llegado el momento de hacer una pequeña reflexión sobre el título que lleva este blog. Principalmente porque temo haber creado cierta confusión entre algunos de los visitantes del blog acerca de los diferentes nombres que reciben las opacidades del vítreo.

Como sabéis, las moscas volantes se llaman también miodesopsias. Ambos apelativos son los más habituales en español y hacen referencia al mismo símil con las moscas. El término técnico miodesopsia se ha fabricado a través de dos palabras del griego, "miodes" y "opsis" (que significan respectivamente "mosca" y "visión"). Idiomas como el italiano parecen usar con normalidad el término miodesopsia, mientras que en alemán, en francés, en portugués, o incluso en español parece reservarse como término técnico, y se opta por otras variantes. El concepto de moscas volantes es habitual y común a varios idiomas, principalmente latinos. Tenemos así las mouches volantes en francés, término que también se usa en alemán junto con
fliegende Mücken,
y las mosche volanti en italiano.

Otra variante destacada es la que proviene del inglés, donde no se hace referencia a mosca alguna. En este idioma, las moscas volantes se denominan eye floaters, o simplemente floaters, motivo por el cual en español y en otros idiomas han aparecido términos como flotadores o cuerpos flotantes, cuya variante en francés es corps flottants. El manual Merck, que es una enciclopedia médica muy popular que también usan los estudiantes de Medicina, emplea el término floaters, y dice sobre ellos todo lo que ya conocemos en su vertiente más institucional: "chronic, stable floaters are no clinical significance, require no treatment, and eventually become less noticeable". Me resulta gracioso cómo se usa aquí ese gran palabro inglés: "eventually", que quiere decir "con el tiempo", denotando un momento futuro indeterminado. Eventualmente en castellano significa "incierta o casualmente", y sirve para acertar cualquier pronóstico, porque con él se viene a decir que "algún día algo pasará", que es no decir nada y decir todo. Eventualmente seré presidente de Polonia. Sin duda es verdad.

Pues bien, las moscas cojoneras son un invento mío para ponerle título a este blog. Lo digo porque alguna vez he tenido la impresión de haber confundido a alguien. Por favor, que nadie le diga a su médico que padece moscas cojoneras. Las llamo moscas cojoneras porque, aunque la RAE no diga nada, es un término coloquial para referirse a algo que es molesto, pesado e insistente. Y de paso, pues creo que es fácil de recordar. Por otra parte, he pensado que, a estas alturas, el título que le he puesto al blog es un chascarrillo tonto y ramplón. Pero en fin, ahora ya está hecho y así queda.

28/9/08

Nueva encuesta: propuestas


Una vez terminada la última encuesta sobre la atención recibida por parte de los oftalmólogos, en unos días propondré una nueva. Según hemos estado hablando últimamente,
la próxima encuesta podría preguntar por las causas por las que hemos desarrollado las moscas volantes. Es decir, lo que se preguntaría sería, ante todo, si creemos conocer cuál es la causa por la que nos han aparecido las miodesopsias o si, por el contrario, no tenemos la menor idea o no nos preocupa.

El interés en hacer esta pregunta se debe principalmente a que
muchos de los lectores de este blog creen poder identificar una causa concreta por sí mismos, ya sea ésta puntual (p. ej., "usé un líquido determinado") o sostenida en el tiempo (algunos comentarios han señalado como causa un tic ocular). El resultado de la encuesta, en mi opinión, no va a ser revelador en términos médicos, puesto que no se trata de una investigación al uso y, en todo caso, que haya muchas personas que crean algo no significa necesariamente que sea cierto. Sin embargo, puede tener cierto carácter sociológico, no sólo porque nos podría indicar nuestro grado de satisfacción con la opinión del médico, sino también porque nos sirve perfectamente para conocernos los que participamos en este blog.

Propongo que la pregunta de partida sea la siguiente: ¿Podrías identificar alguna causa concreta para tus moscas volantes? Y las respuestas posibles, las siguientes:
1. Sí, por intuición personal; sospecho de una causa al margen de la opinión de mi médico.
2. Sí, gracias a mi médico; me doy por satisfecho con su explicación.

3. No, mi idea de las causas es vaga e imprecisa.


Una segunda pregunta podría ir dirigida específicamente a los que marcasen la primera opción en la anterior.
En este caso, habría que proponer un elenco de posibilidades lo suficientemente generales como para que no se multipliquen demasiado. Un abanico demasiado amplio podría dar lugar a muchas respuestas con un sólo voto.


Pues ésta es mi propuesta. A continuación, en los comentarios de esta entrada, podéis hacer las observaciones que queráis y proponer alternativas.

18/9/08

Fotos*


«Recuerdo con enorme nitidez la última vez que visité mi escondite. Recuerdo el sol llameante, escurriéndose entre las ramas de los árboles, y la tierra vacía, en sepulcral silencio.


Mis mejores recuerdos no están en fotos. Hace pocos años que se ha generalizado el uso de máquinas registradoras de imágenes. Casi todo el mundo tiene una cámara de fotos o de vídeo digital, pequeña, fácil de llevar y con capacidad infinita. Por desgracia, sólo graban imágenes.

Creo que, si hubiese fotografiado aquella puesta de sol, me la habría perdido para siempre. Nada habría quedado de ella si se hubiese perdido en un disco duro con otras quinientas mil imágenes, todas ellas reliquias de un tiempo imposible de rememorar.

Y aún atinando con ella por casualidad en el abismo de archivos, no vería más que las briznas de hierba, una a una desplegadas sobre el campo; la infinitud de la materia, llena de imperfecciones, terriblemente prosaica. Y el sol diminuto, como un motivo anecdótico dentro del cuadro.

El que se baja del bus cámara de vídeo en mano no mira; delega su posibilidad de mirar en un aparato incapaz de rentabilizar las sensaciones al nivel de un ser humano, porque el aparato no siente; delega su capacidad de recordar en el material que ha registrado, porque espera hacerlo más cómodamente sentado en un sillón frente a una pantalla; aspira a meter toda su vida en unos cuantos cientos de discos.

Pero para visualizar todos esos discos haría falta, al menos, el mismo tiempo invertido en grabarlos y, en el mejor de los casos, sólo nos recordarán que mientras la vida discurría nosotros grabábamos.»

*[publiqué este texto originalmente aquí, hace dos años, pocos días antes de descubrir la primera mosca volante]

30/8/08

Respuesta de Ocularis


Ocularis, el oftalmólogo encargado de este blog,
ha publicado abundantes comentarios en respuesta a los que yo publiqué en las últimas semanas (uno, dos, tres y cuatro). Los comentarios constituyen las dos últimas entregas de la serie El Proyecto Ocularis en Internet, cuyo objetivo es reflexionar sobre la repercursión que dicho proyecto tiene en la Red y las distintas respuestas ofrecidas por su audiencia. Los artículos son los siguientes:
El Proyecto Ocularis en Internet (II): los objetivo y lo subjetivo.
El Proyecto Ocularis en Internet (III): salud y afectividad.

19/8/08

Los regímenes escópicos y las miodesopsias


Hay una teoría sobre la visión que me fascina, pero no tiene
nada que ver con la oftalmología. Se trata de una teoría construida desde la Historia del Arte, que, por el material con el que trabaja, necesita elaborar su propio paradigma acerca de la actividad visual. Me refiero a la teoría de los regímenes escópicos, que Martin Jay ofrece en su artículo Regímenes escópicos de la modernidad. Es sólo una propuesta, no una verdad certificada por el método experimental, así que no es ajena a la controversia; no olvidemos cómo se construye el discurso dentro de las humanidades.

Con todo, la teoría de Jay resulta valiosa
por cuanto nos permite comprender el paisajismo de la Edad Moderna desde una perspectiva psicológica, es decir, poniendo el interés en cómo las formas son vistas y asumidas por el espectador, considerando en ello su punto de vista particular y su estado de ánimo. Por ello, no la considero impertinente al objeto de comprender las miodesopsias y su influencia sobre nosotros.

La perspectiva lineal ha tenido un papel fundamental en nuestra cultura como sistema de ordenación de la realidad vista. Tanto es así que la pirámide visual, propuesta desde teóricos como Alberti en el Renacimiento, no quedó sólo como un sistema de representación del mundo, sino que ha llegado hasta hoy como la explicación básica del funcionamiento de nuestros ojos, y de la forma en que sus lentes hacen llegar la luz hasta la retina. Así, en los primeros estudios modernos sobre óptica, Kepler y Descartes (fig. 32, detalle tomado de L'homme...) proponen que el esquema piramidal se reproduce inversamente dentro del ojo.


Este sistema de estructuración de la realidad cartesiano-cientificista siempre se ha definido como el más importante de la modernidad. No obstante su precisión, ofrece una vertiente convencional, que se obstina en llenar el mundo de líneas fugadas en profundidad, cuando la mayoría de las veces no están ahí. En la definición de este sistema, influyó notablemente el conocimiento de la cámara oscura; no en vano, se sabe que cada nueva tecnología condiciona nuestra forma de ver y representar el mundo, como ha demostrado la aparición de la fotografía. Pese a la presencia general de la estructura cartesiana en nuestra cultura visual, no es la única posible para aproximarse a la realidad vista. Jay propone que en realidad conviven tres regímenes escópicos principales, o tres modos de entender la imagen del mundo: el cartesiano, el empírico y el barroco.

Índice: régimen cartesiano | régimen empírico | régimen barroco


1. El régimen cartesiano

El primero de los regímenes referidos por Jay es el demoninado cartesiano (por Descartes), también denominado clásico-albertiano (por Alberti). Lo que más destaca formalmente en las obras que siguen este régimen es el planteamiento en base a la pirámide visual de la perspectiva lineal, que da lugar a la composición del espacio a base de líneas de fuga muy marcadas y evidentes, para lo cual se suele usar la arquitectura. En este modo el espacio se considera rectilíneo, abstracto y uniforme; no interesan las infinitas variaciones de la realidad superficial. La imagen obtenida en él está petrificada y fría, reducida al número; tiene por tanto una dimensión mental, cerebral, antes que sensible. El espectador está en un punto de vista privilegiado, estático y solitario; no parpadea. Se ha calificado de ser la imagen más objetiva del mundo, una captación de la estructura subyacente de lo visible.

Cuando el oftalmólogo nos invita a amortizar las miodesopsias dentro de nuestro campo visual, en el fondo lo que hace es pedirnos que adoptemos este registro cartesiano. Lo que se nos pide, dicho de otro modo, es que renunciemos a consignar todas esas infinitas variaciones de la realidad superficial (el punto de vista casual, la luz, la textura de los objetos, la atmósfera, las interferencias de nuestro sistema perceptivo...). Todo eso no debe molestarnos al objeto de interactuar con el mundo; es decir, al objeto de cruzar la calle sin que nos atropellen, o al objeto de comprender que estamos en una gran avenida flanqueada por dos galerías de treinta columnas dóricas cada una, por poner un ejemplo. "El cerebro", se ha dicho, "se acostumbra"; esto quiere decir que se hace hincapié sobre lo que se sabe, no sobre lo que se ve, y se nos invita a quedarnos con la idea, con lo importante, no con las variaciones causales de un momento dado.



















Fig. 1a: Rafael Sanzio, Los desposorios de la Virgen | Fig. 1b: Masolino, La fundación de Santa María la Mayor

Fig. 1c: fotograma de Tron (1982)

Figuras 1x: ejemplos de la aplicación del régimen escópico cartesiano. Particularmente, el cuadro de Masolino (fig. 1b) revela el extremo al que se lleva la aplicación de la pirámide visual, de tal forma que las nubes aparecen como platillos volantes, disminuyendo su tamaño conforme se alejan del observador. Por otra parte, la considerada como la primera película que usa un entorno virtual generado por ordenador, Tron (fig. 1c), es también una de las pocas que en Hollywood echa mano del régimen albertiano-cartesiano.


2. El régimen empírico

Lo empírico hace referencia a lo que se funda en la experiencia. Frente a la ventana albertiana, en el régimen empírico el observador no usa un punto de vista privilegiado, sino que usa un punto de vista más, el suyo propio como sujeto. La imagen sensible del mundo tiene valor por sí misma, nos informa fielmente de él. Por tanto, hay una confianza en los estímulos que bombardean la retina; se valora positivamente la imagen retiniana, y el espectador quiere ser inocente, desprejuiciado. Mientras que la imagen del régimen cartesiano tenía un carácter abstracto y mental, la del régimen empírico tiene un carácter concreto y retiniano. Desde este punto de vista, el mundo rebasa la ventana albertiana, y tiene preexistencia al margen de que exista un observador. La mirada empírica renuncia a las retículas, y se concentra en la riqueza de las superficies, en sus detalles, en sus texturas. Se prima el describir sobre el explicar.

Es cierto que la vertiente empírica está a menudo animada por una voluntad científica-práctica; sus representaciones quieren dar testimonio fiel de una realidad visible, llámese esta "tipos de árboles caducifolios" o "la apariencia de la luz en los distintos momentos de día". No obstante, la actitud confiada hacia la realidad vista, hacia ese bombardeo de estímulos procedentes de la hierba peinada por el viento, de la bulliciosa superficie de un mar encrespado, revelan la presencia del régimen escópico empírico. Por eso, creo que todos partimos de esta disposición psicológica cuando somos niños y nos revolcamos por la hierba buscando saltamontes: los ojos trabajan tan bien, que hasta olvidamos que los tenemos. Hay un momento de la vida en que creemos que el mundo está ahí fuera, tal y como se presenta a nuestros ojos.















Fig. 2a: Claude Monet,
La catedral de Ruán (1890) | Fig. 2b: Anatomía de Gray, ilustración de la edición de 1918.


Fig. 2c: Jan van Vermeer, Vista de Delft (1659-60)

Fig 2d: Anton van der Wyngaerde (conocido en España como Antonio de las Viñas), Vista de Madrid (1562)

Fig. 2e: Vista del Coliseo, tomada de Gladiator, de Ridley Scott (2000)

Figuras 2x: ejemplos de miradas empíricas son la de los impresionistas (fig. 2a), la de los libros de anatomía (fig. 2b), la de la cartografía (fig. 2d), la de los pintores holandeses del XVII (cuyo modelo de paisaje estaba precisamente influído por la cartografía) (fig. 2c), y también la el cine que pretende reconstruir entornos históricos (fig. 2e). Sobre la pintura de paisaje, salta a la vista la dificultad de someter a un conjunto de prados y montañas a la perspectiva lineal; es por ello por lo que el régimen empírico, que se recrea en la descripción, en la textura y en el detalle, se le adapta mucho mejor.


3. El régimen barroco

En el régimen barroco el observador parte de un principio de desconfianza con los estímulos visuales. En él, la imagen del mundo se queda por el camino; no llega a alcanzar nuestra retina, y menos nuestra mente. Hay una tendencia a la obnubilación y a la confusión; Christine Buci-Glucksman habla de "la locura de ver"(*). Las miradas empírica y cartesiana creen en la posibilidad de conocer el mundo, ya sea por medio de la experiencia o de la razón; en cambio, la mirada barroca no cree en los estímulos, no cree en la legibilidad del mundo. Se renuncia a reducir el campo visual a una única esencia coherente; se opta por la distorsión, por la interferencia, por la sombra. En Jay, esta mirada se identifica con el arte de la Contrarreforma, que pretende asaltar y desbordar nuestros sentidos. No obstante, el concepto puede llevarse más allá para explicar algunos aspectos del romanticismo, y también se ha propuesto para hablar de gran parte del uso de las CGI (Computer Generated Images) en el cine reciente de Hollywood.

En mi caso, la aparición repentina de una gran cantidad de moscas volantes en mi visión me colocó en una tesitura similar a la que suele usarse para describir el régimen escópico barroco. La multiplicidad, la extrañeza, la distorsión, la oscuridad, pero también el exceso de luz y el obnubilamiento son aspectos que coinciden bien con mi disposición hacia la realidad vista en aquellos días tan tristes. El mundo alrededor se había convertido en un barullo de fatigosa lectura, donde se entrelazaba lo real y lo aparente, lo material y lo espectral. El paisaje alrededor había desaparecido de un día para otro como yo lo conocía; el que se abría ante mí era un lugar extraño donde me sentía desbordado y desorientado, con esa extraña sensación de extravío que representan las laberínticas mazmorras de los juegos de rol. La visión barroca nos inquieta y nos produce vértigo, porque no permite saber lo que hay realmente al otro lado. Los grandes precipicios del cine representan perfectamente este régimen: la visión del abismo bajo el puente de Khazad-Dûm, en La comunidad del anillo (2001), se resiste a toda comprensión, a nuestro instintivo impulso por hallarle fondo, y nos devora.














Fig. 3a: Piranesi, Cárceles imaginarias, plancha VII (ca. 1760) | Fig. 3b: J. W. Turner, Paz, entierro en el mar (1742)

Fig. 3c: Vista de la sala de los pilares, en Moria, tomada de La compañía del anillo (2001)

Fig. 3d: Las Phantom Plains de Final Fantasy: La fuerza interior (2001), en el desplegable de la banda sonora.

Figuras 3x: ejemplos de representaciones barrocas, donde el espectador se ve obnubilado, extasiado. Los límites del mundo son vagos, imprecisos; la vista no es capaz de acotar qué significa cada cosa, cuál es su forma real, qué está y qué no está... El grabado de Piranesi (fig. 3a) nos inquieta por su inverosímil arquitectura; por su parte, la sala de los pilares de Moria (fig. 3c) se aparece como una nave de iglesia, cuyos soportes se alinean al modo de las perspectivas cartesianas; no obstante, se sumen en un abismo de penumbra que no es irrelevante. El cuadro de Turner (3b) muestra otras preocupaciones, como son la captación de los efectos atmosféricos y fugaces que pueblan la realidad visual. Por último, la Llanura de los fantasmas (fig. 3d) hace referencia a un paisaje desértico e inhóspito, de formas retorcidas y marchitas, morado en su infinitud por un ejército de monstruos evanescentes.


Epílogo


Los tres regímenes escópicos que han sido aquí expuestos no son los únicos que existen; se ha hablado de algunos otros. Con todo, estos son los que parecen tener mayor presencia en nuestra cultura. Por otra parte, que se hayan definido de forma aislada no significa que no existan superpuestos en nuestra mirada y en las representaciones de las que somos espectadores. La presencia de un régimen o de otro es siempre una cuestión de grado, es variable en el tiempo, y su adopción no obedece a circunstancias unívocas, como la tenencia o no de moscas volantes. No creo que la disposición psicológica hacia el acto de ver esté condicionada por el grado de precisión a priori con que funcionen nuestros ojos; pero sí creo que un cambio repentino en esta precisión puede trastocar nuestro mundo, y eso puede resultar traumático. La referencia a los regímenes escópicos es una manera de explicar mi caso particular.


Bibliografía
● ALPERS, Svetlana, El arte de describir: el arte holandés en el siglo XVII. Madrid, Hermann Blume, 1987.
● CALABRESE, Omar, La era neobarroca. Madrid. Cátedra, 1994.
● JAY, Martin, "Regímenes escópicos de la modernidad", en Pablo Fanego (ed.), Trompe-la-memoire. Historia e visualidade, A Coruña, Fundación Luis Seoane, 2003, págs. 28-49 (1ª edición del artículo en Seattle, 1988).
● LÓPEZ SILVESTRE, Federico, El paisaje virtual: el cine de Hollywood y el neobarroco digital. Madrid, Biblioteca Nueva, 2004.

9/8/08

El blog de Ocularis (IV): recapitulación


En los tres últimos artículos he hablado del blog de Ocularis. Llevaba tiempo deseando hacerlo; en primer lugar, para reconocerle un valor algunas veces cuestionado en el presente blog; en segundo lugar, porque es una referencia institucional de las consideraciones que la Medicina hace de las moscas volantes. Por ello, el Proyecto Ocularis no puede evitar ser un referente para mí en un doble sentido: atractivo y retractivo.


Atractivo, porque tengo una alta consideración del blog de Ocularis y de su propio autor, quienes sirven a la causa de la divulgación científica, aportando en ello seriedad, objetividad y fiabilidad. Retractivo, porque se constituye como referente antagónico para mi blog, es decir, contribuye a la definición de mi postura, a la construcción de mi discurso (y de mi identidad) como reverso de la moneda. Así, las categorías valorativo, opinativo, subjetivo y particular se definen como consecuencia de las categorías informativo, científico, objetivo y universal.

Los tres comentarios que he dedicado al blog de Ocularis responden a esta visión referencial del mismo. Así, mientras el primer artículo ofrece una panorámica general y una valoración positiva del blog en tanto que espacio científico, el segundo y el tercero retoman el tema en litigio (las miodesopsias), y usan a Ocularis (en relación de oposición) como pie para hablar de El vuelo de las moscas cojoneras. El mensaje es claro: una reflexión sobre nuestro cuerpo no se agota en el punto de vista médico; por tanto, me interesa hablar de lo que no es medicina. En mi blog, lo subjetivo, lo particular, adquieren un sentido meliorativo.

En resumen, lo que he querido con estos artículos es afirmar mi creencia en que el blog de Ocularis no obsta a ninguna de nuestras convicciones, porque técnicamente no las cuestiona; ni siquiera se ajustan a su temática principal. Convertirlo en objetivo de nuestra ira es pagarla con un blanco fácil, con el primer oculista de habla hispana que, en un impulso altruista, ya ingenuo, ya plenamente consciente, se ha expuesto a la voracidad de Internet.

El blog de Ocularis sencillamente responde a una necesidad distinta a la que nosotros estamos formulando, eso es todo. Porque el blog de Ocularis no es un foro de opinión ni de expresión. La ciencia no tiene nada que ver con la democracia; los hechos no dependen de lo que opine o desee una mayoría. Y los hechos son que, a estas alturas, las moscas volantes no tienen arreglo efectivo en condiciones de seguridad. (En eso estamos de acuerdo todos los afectados de moscas en este blog, ¿no es así?)

El papel de El vuelo de las moscas cojoneras, por tanto, no consiste en poner en tela de juicio estos hechos; ni tampoco en ocultar que nuestra existencia conlleva una serie de lastres biológicos, como la decadencia, el dolor y la muerte. Sólo consiste en recordar que, tras la inapelable realidad médica presente, hay otras realidades (psicológicas o ideológicas, individuales o colectivas) que le influyen sutilmente con el tiempo. Sobre estas realidades se puede naturalmente hablar sin faltar a la verdad; no obstante sin necesidad de justificarse en el método experimental de la ciencia. Este territorio tiene su existencia probada por mi mera presencia aquí. Lo importante ahora es hacerle una defensa digna, comedida y convincente. Eso es lo que intenta mi blog.

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31/7/08

El blog de Ocularis (III): objetos y sujetos


Decíamos que Ocularis construye su blog antes desde el consenso que desde la opinión particular. Es decir, lo que le interesa es el discurso institucional, en tanto éste aspira a la objetividad y la universalidad; no los juicios ajenos a la metodología científica, emitidos intuitiva e incluso desesperadamente y que, aislados y subjetivos, no sirven al conocimiento.

No obstante, esta distinción marcada por Ocularis aparece difuminada en algunos momentos puntuales, sin que él mismo parezca haberlo notado. En una pieza clásica de su blog, titulada “Relativizando las cosas”, se echa mano de una dramática historia con la intención de sacudir nuestra conciencia, a costa de ridiculizar la insensatez de un paciente con moscas. Este buen señor, que “no se tropieza con la silla al entrar”(*), sirve cómicamente al objeto de reforzar la incontestable evidencia de que siempre existe un mal peor que el nuestro. La tesis podrá ganarse o no nuestro corazón, pero sea como fuere, lo que es innegable es que no estamos ante un discurso científico, sino marcadamente moralizante.

Respecto a mi corazón: inmediatamente me veo compelido a suscribir la tesis de Ocularis, desbordado por la contundencia de la lógica empleada. Pero, al rato, descubro avergonzado que sigo sintiéndome lastrado por mi pequeño mal. Yo creo que el aplastante argumento de que siempre existe un mal mayor no sirve tanto a los aprendices como a los que tienen la maestría. Así, suele demostrarse incapaz de penetrar a la primera las murallas del dolor de cada uno, y sólo usado a modo de ariete, tras muchas embestidas, puede abrir alguna brecha. Porque las heridas del alma no son cosa de lógica, y no se curan con verdades puntuales, sino como consecuencia de un largo aprendizaje basado en la experiencia directa (cosa que los médicos conocen bien). La fuerza que nos suscita las ganas de vivir, como sabemos, está muy lejos de las verdades racionales; de otro modo, evidencias como la muerte, que siempre es inminente, sólo podrían persuadirnos de abandonarlo todo.


Imagen: ejemplo de discurso moralizante, es decir, que persigue la instrucción de las costumbres y, en definitiva, la inculcación de una actitud ante la vida. Corresponde a un libro de emblemas, muy habituales en el Barroco. Este emblema, titulado Advertid que somos polvo, pertenece al Theatro Moral de la Vida Humana (1669), de Otto Vaenius y Antonio Brum. El texto del epigrama dice: "Contempla en la obscuridad / essa sombra que te asombra: / pues la más rara beldad /que ahier se adoró Deidad / hoy es menos que su sombra".


Así pues, “Relativizando las cosas” es una regañina velada, es decir, una reflexión no acerca de lo que es, sino acerca de lo que debe ser. Es un sermón paternalista, más o menos explícito, sobre lo que está bien y lo que está mal. En consecuencia, es más una lección de filosofía para la vida que una estrictamente de medicina. Ello no quiere decir que carezca de razón o de lógica. Sin duda la posee, y muy fuerte; pero se trata de una razón intuitiva, una lógica a priori, de la que cualquier persona dispone sin necesidad de estudiar medicina. Por eso, desde el momento que Ocularis adopta este registro moral, se encuentra en tierra de nadie, y cualquier persona posee la autoridad de cuestionarlo.

Dejando a un lado a Ocularis, lo cierto es que la confusión entre discursos de conocimiento y discursos moralizantes (es decir, ideológicos) son a mi juicio frecuentes en la práctica profesional de algunos médicos. Me disgusta enormemente que, frente a quienes separan limpiamente los hechos de las opiniones, algunos gusten de solaparlos. Es decir, repruebo que algunos médicos, utilizando el nombre de la Medicina (y su tradicional autoridad moral sobre las gentes corrientes), rebasen su territorio para ejercer, por ejemplo, de curas. Lo considero una impertinencia similar a la del curandero que se anuncia como médico.

En ambos casos, en mi opinión, se secuestra el nombre de la Medicina para hacer otra cosa. No obstante, todos somos libres de hacer otra cosa. Por eso, acepto con total deportividad que un médico me regañe si se quita antes la placa y me habla “de paisano”, como una persona más que, desde la intuición, se dedica al libre ejercicio de opinar. No es que me parezca bien; me parece incluso recomendable. Pero llegado ese punto, el médico debe aceptar una relación simétrica con su interlocutor. El caso es que metafísica no se estudia en medicina, y dar sermones sin arte me parece un gesto arrogante.

Es obvio que el blog de Ocularis no tiene como finalidad, ni primaria ni secundaria, la de aleccionar a sus lectores. Pero yo le preguntaría si es consciente haberlo hecho de manera puntual; porque para mí lo ha hecho. Pero esto no es nada malo. Aunque Ocularis escriba un blog médico, tiene derecho a opinar, como todo el mundo. Tiene todo el derecho a desarrollar, a la par de su discurso sobre oftalmología, otras tramas discursivas en las que, por poner un ejemplo, opine sobre cuestiones de moral. Simplemente se trata de opinar, como opinamos todos. La cuestión está en saber si Ocularis acepta a un interlocutor en condiciones de simetría, es decir, si acepta como un empate que el enunciado “siempre hay gente con una salud peor” reciba como respuesta “siempre hay gente con una salud mejor”.

“Ayer viví una situación que me invitó a la reflexión, y quería compartirlo con vosotros”, dice Ocularis para comenzar su artículo. Objetivamente, no podemos decir que el estilo de Ocularis se arrogue autoridad. Siendo así, lo respeto perfectamente, y me parece una postura honesta. Por lo general, las ideas de Ocularis acerca de las opiniones personales de cada uno impregnan todo su blog, y revelan que no se cree con autoridad de cambiarlas. No obstante, las desdeña porque no las considera pertinentes al objeto de blog. Estas dos actitudes hacia las ideas de los demás son legítimas y respetables, y por tanto es justo que les demos respuesta en idénticos términos. La postura del médico puede resumirse en una de sus frases: “cada uno es libre de opinar que sus moscas son incapacitantes, pero yo no voy a darle la razón”.

En último término, esta afirmación me parece buena. Pero presenta un problema aparente que me gustaría analizar. Resulta que cruza dos planos antagónicos: el de las calientes emociones de un individuo y el de los fríos enunciados que, acerca de muchos individuos, consensúa una disciplina que nos es ajena. Como consecuencia, la paradoja. No podemos evitar sentirnos perplejos cuando nos dicen que algo tan real como nuestra propia tristeza es “relativa”. Debemos estar atentos a la sutileza: es relativa en tanto somos parte del objeto de estudio de la Medicina; pero es absoluta en tanto somos sujetos y no tenemos más sentimiento que el nuestro propio.

Considerados los dos extremos, creo que la postura más inteligente es no enrocarse en ninguno de ellos. La invitación a “relativizar” recoge la vertiente “objetivista”, en la medida en que nos invita a vernos desde fuera, formando parte del mundo, como objeto entre muchos objetos. Nos invita a recordar, en suma, que no somos los únicos en el mundo y, en consecuencia, que la chica que iba a morir o a perder la vista es tan real como nosotros. No obstante, por encima de las tierras y de los tiempos, de la infinidad de calamidades que harían sonrojarse a las nuestras, nosotros no podemos dejar de existir subjetivamente. Mi blog quiere ser humilde demostración de ello.

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21/7/08

La firma


Publico esta entrada para comentaros que
desde ahora firmaré en este blog como 'Juan', y no con el apodo inventado que estaba usando.

Como ya he dicho alguna vez, me parece perjudicial exhibir el tema de las moscas volantes fuera de este blog. Mientras que Internet nos ofrece la posibilidad de ensayar diferentes registros de nuestra personalidad en condiciones de seguridad y de anonimato, en la vida real no conviene ser cargante con las personas que nos importan. En mi caso concreto, salir a la calle diciendo las cosas que digo aquí sería la más nefasta forma de permitir a las moscas conquistar mi vida.

Por este motivo, he decidido usar desde ahora mi verdadero nombre, un nombre lo suficientemente común como para no indentificarme, pero que me identifica mejor que ninguno, por ser el mío. El caso es que me estaba molestando aparecer de primero en Google al teclear el antiguo alias, por el que me identifico en páginas relacionadas con otros asuntos. Lo que quiero es que nadie que me conoce pueda encontrar este blog. Quedo entonces presentado.

12/7/08

El blog de Ocularis (II) y algunos factores humanos


Dicho lo dicho en el artículo anterior, ¿en qué lugar queda El vuelo de las moscas cojoneras? Defender el planteamiento de Ocularis, ¿significa acaso una contradicción con todo lo que en mi blog he dicho? No, en absoluto. Porque éste no es un blog de medicina, y defiende que la reflexión sobre un problema relativo a nuestro cuerpo, sea grave o leve, es libre e íntima, y en ningún modo puede quedar satisfecha totalmente por un punto de vista exclusivamente médico.

La cartesiana malla de la ciencia, de la objetividad, del hecho probado, suele quedarse corta cuando pretende explicar nuestras alegrías y nuestras tristezas en términos de causa-efecto. Y más cuando se ve condicionada por los engranajes burocráticos y por la rutinización profesional.

También Ocularis se refiere a esta libertad nuestra cuando incansablemente alega: “yo digo lo que hay; después, cada uno es libre de pensar lo que quiera”. Justo por esto soy un lector habitual del blog de esta persona, pese a que alguno de los lectores del mío se vea decepcionado. Yo no busco en el blog de Ocularis que sea bueno en alentar las penas del público, o en parchear las lagunas del conocimiento con esotéricas teorías de campos de energía. Espero solamente que sea bueno en traducir a un nivel asequible los conocimientos sobre la facultad de ver; no los propios de Ocularis, sino los aceptados y contrastados por la Medicina. Pues es una ciencia que siempre me ha inspirado el máximo respeto y confianza, no obstante sus lógicas limitaciones.

Pero frente a esto, creo que hay un aspecto que Ocularis no parece contabilizar: la propia ciencia, la Medicina a nivel institucional, también está impregnada por las ideologías, es decir, se ve afectada por el mundo de las opiniones (entre las cuales está todo lo relacionado con la ética). Para cualquier ciencia, la neutralidad es un desideratum, no una realidad de hecho, habida cuenta de que está desempeñada por seres humanos individuales, que no son ajenos a factores culturales y mutables, ni tampoco a las pulsiones emocionales.

Pueden aducirse infinidad de ejemplos históricos: la consideración de la homosexualidad, el desinterés hacia los mecanismos de placer del aparato reproductor femenino, las reservas hacia el aborto, las prácticas médicas durante la Alemania nazi, las distintas posturas hacia la eutanasia o las trabas a la experimentación genética son algunas pruebas de que la historia de la Medicina soporta una lectura cultural. [En consecuencia, no es inverosímil que pudiese aparecer una generación de oftalmólogos, enraizados culturalmente en la sociedad del bienestar, que hiciese una consideración distinta de las miodesopsias; no en vano, la aparición de la medicina estética y de las generaciones de médicos que la apoyan es también consecuencia de un cambio cultural].

Salvando las distancias con tan eminentes cuestiones históricas, es únicamente en este territorio “cultural” donde mi blog pretende ejercer alguna influencia, por leve que sea. Por ejemplo, para hacer aceptables enunciados como éste: “no es ridículo (anómalo, extraño, extravagante) sufrir por moscas volantes” o “algunas personas mentalmente sanas pueden sufrir por tener moscas volantes”, lo que no impide que sigan teniendo validez otros enunciados como “a día de hoy, lo ideal sería acostumbrarse a las moscas volantes”.

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